
Genesis 3:1-7
1 La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, así que preguntó a la mujer: —¿Conque Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín? 2 —Podemos comer del fruto de todos los árboles —respondió la mujer—. 3 Pero en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de ese árbol ni lo toquen; de lo contrario, morirán”. 4 Pero la serpiente dijo a la mujer: —¡No es cierto, no van a morir! 5 Dios sabe muy bien que cuando coman de ese árbol se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal. 6 La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que era atractivo a la vista y era deseable para adquirir sabiduría; así que tomó de su fruto y comió. Luego dio a su esposo, que estaba con ella, y él también comió. 7 En ese momento los ojos de ambos fueron abiertos y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera.
Todo comenzó con una pregunta:
“¿De veras Dios les dijo…?”
La serpiente no empezó con una mentira directa. Comenzó sembrando dudas. Duda sobre lo que Dios había dicho y, más profundamente, duda sobre su bondad. En un jardín lleno de abundancia, belleza, libertad y una relación perfecta con Dios, de repente parecía que faltaba algo.
El enemigo hizo que Eva sintiera que Dios le estaba ocultando algo, que necesitaba más, que no podía confiar plenamente en Aquel que le había dado todo. Y así, deseando ser como Dios, extendió su mano hacia lo prohibido.
Así entró el pecado al mundo, no por odio, sino por una mentira. La mentira de que Dios no es bueno, de que no se puede confiar en Él.
Y esa misma estrategia sigue funcionando hoy. El enemigo continúa sembrando mentiras en nuestros corazones y en nuestras mentes sobre quién es Dios, sobre su amor, su generosidad y su bondad. Nos hace sentir que Dios se ha quedado corto con nosotros. Pero no es verdad.
Dios no es un Dios que retiene. Él es el dador de la vida, del gozo y del propósito. Y sigue buscándonos, así como buscó a Adán y Eva en el jardín.
Oración
Dios, abre mis ojos para ver tu bondad una vez más. Ayúdame a reconocer las mentiras que me alejan de ti. Que tu gracia comience a sanar y restaurar la imagen que tengo de ti y lo que el pecado ha roto en mí. Amén.
