
Isaias 59: 1-2
1 La mano del Señor no es corta para salvar ni es sordo su oído para oír. 2 Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios. Son estos pecados los que lo llevan a ocultar su rostro para no escuchar.
La Biblia nos recuerda que la mano del Señor no es corta para salvar, ni su oído es sordo para escuchar. Si a veces sentimos que Dios está lejos, que no responde o que guarda silencio, no es porque Él se haya alejado, sino porque algo se ha interpuesto entre nosotros y Él.
Lo que nos separa de Dios no es su falta de interés ni su distancia, sino nuestro pecado. Las decisiones que tomamos, las actitudes que adoptamos, la indiferencia, el orgullo o incluso la autosuficiencia van construyendo, poco a poco, una barrera que nos impide experimentar su cercanía.
Sin embargo, esto no cambia quién es Dios. Él sigue siendo el mismo: bueno, generoso y lleno de amor. Su deseo más profundo es estar cerca de nosotros, acompañarnos, restaurar la comunión y caminar a nuestro lado. La distancia no fue idea suya, pero sí es su deseo que volvamos.
La gracia de Dios es activa. Nos busca incluso antes de que lo pensemos. Nos llama con ternura y nos invita a regresar. No importa cuán lejos creamos estar, su mano sigue extendida y su oído sigue atento a quien decide volver a Él.
Hoy es un buen día para reconocer que hemos construido muros que nos alejan de Dios y para pedirle que nos acerque nuevamente a su presencia.
Oración
Señor, a veces siento que estás lejos, pero hoy entiendo que he sido yo quien se ha alejado. Perdóname por todo lo que me ha alejado de ti. Gracias por seguir amándome y por seguir tendiendo tu mano. Hoy quiero volver a ti, escuchar tu voz y caminar a tu lado. Amén.
